Los Amigos Invisibles en Bar en vivo - Buenos Aires 2016
Por. Nahomi Martínez
En un repentino agite de fibras (y raíces), sentí necesario hacer un breve comentario sobre el encuentro del día de ayer, domingo 3 de abril, con Julio Briceño, José Rafael “El Catire” Torres y Juan Manuel Roura: Los Amigos Invisibles en pleno, enmarcado en la proyección de su documental “La casa del ritmo” en “Bar en vivo” en Buenos Aires, de la mano de Andreina Alessio, Satélite Fuera de Rango y Gastón Goldmann padre creador del Festival de Cine Venezolano en Buenos Aire (FECIVE) con la participación de Yumber Vera, periodista y crítico de música.
Así que bien, Los Amigos Invisibles, esa banda que tuvo la personalidad suficiente como para ser fiel a su propuesta y persistir con ella a través del tiempo y los idiomas, es la misma banda que te hizo sentir cómodo en eso de disfrutar lo particular de tu identidad, una banda que sin pretensiones, encapsuló la idiosincrasia del venezolano (hasta en su nombre) y la convirtió en pura "gozadera".
Mi manera de escuchar y percibir a Los Amigos Invisibles cambió hace mucho (tal vez por los distintos enfoques que se abren al emigrar o realizar estudios relacionados a la cultura y la sociedad) los entendí como un resultado perfectamente acabado de la representación cultural de un colectivo. Algunas bandas intentaron reproducir la formula sin mayores resultados, en mi particular opinión, porque parodiaban la forma de ser del venezolano, Los Amigos (aunque generaban esa impresión en infinitas oportunidades), no eran parodia, eran el venezolano materializado en un groove contagioso e interminable, lo son actualmente, y lo serán para toda la generación que creció con ellos y a su lado.
En el ciclo de preguntas posterior a la proyección del documental, intenté explicarles, sin armarlo previamente, que son más que una banda, que forman parte del imaginario colectivo como los traductores oficiales de nuestra identidad, seguramente todos los que estábamos anoche en ese espacio, repetimos y cantamos millones de veces las estrofas y coros, en respuestas, comentarios e ideas cotidianas entre venezolanos o cualquier persona (nos entendiera o no).
A esto, Julio respondió que nunca lo vieron así, que se nutren de todos (hizo referencia a escuchar un “esto es lo que hay” de la chica de la panadería e incorporarlo en un tema) y que hacen lo que los mueve e identifica, siempre intentando mejorar e innovar lo que se hizo, haciendo énfasis en que es un trabajo y que lo hacen por amor a la música y por el dinero para pagar las cuentas, sin pensar en la trascendencia. Pero si que la tienen.
Trascendencia, conexión, identidad, todos elementos de carácter sociocultural. La música mueve masas, pero la música con una impronta identitaria, evidentemente, toma un carácter representativo. En este caso específico, no diría que nos construye, porque lejos de ser fieles a estilos musicales propios del folclore nacional, replantear conceptos o profundizar en razonamientos sobre nuestra idiosincrasia, Los Amigos simplemente nos muestran tal y como somos, nos guste o no, nos ofenda o no.
El detonante de toda esta reflexión, fue encontrar la entrada que recorrió los 6.000 km que deben recorrer las entradas a los recitales de cualquier melómano que emigra de Venezuela a Argentina, perteneciente al lanzamiento de lo que llaman su mejor álbum "Venezuela Zinga Son" (2002) en el Centro Cultural Corp Banca, única vez que tuve la oportunidad de verlos en vivo y que recuerdo como si fuese ayer. Aparentemente, mi primera verdadera experiencia entre la coherencia musical que debe tener el sonido de una banda con una interpretación y performance impecable y una atmósfera increíble, con la que siento la misma conexión 14 años después.
No son poetas, sí excelentes músicos, y más allá de la jocosidad de la propuesta y el eclecticismo del sonido que han desarrollado con el tiempo, son una referencia en su conjunto. Si a 6.000 km te preguntan: “recomendáme una banda venezolana”, seguramente que dentro de la lista que lidera “Sentimiento Muerto” y “Zapato 3”, está innegablemente, el sello de la identidad pura y criolla de Los Amigos Invisibles.
Aplausos de pie para Andreina Alessio, productora de esta movida, que tan lejos de sus tierras se aventuró a emprender en este hermoso viaje cultural que nos llena de orgullo y nos acerca a esa felicidad momentánea de compartir algo muy nuestro estando tan lejos.
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